
Puedo sentir el odio que cautiva mis pensamientos, en la ciudad de las personas dormidas, nadie despierta, se comportan como fieras programadas con con el fin de devorar mi ansiedad por advertirlas.
La lengua no deja que transporte mis sentimientos con fluidez, soy perjudicado por mis propias emociones, ya que temen salir de mis entrañas.
Crece, crece con descaro y sin importancia la sencillez por la cual deberíamos avergonzarnos, nos dejamos llevar por el fundamento acrecentado de lo que es patético, de lo que no, sin dejarnos respirar, sin dejar dilucidar la magia que de verdad existe entre nosotros.
Las calles de alguna manera, están escritas por unos que las ven bien e imponen sus maneras, pero también es ligeramente criticada por los que vomitan en las aceras.
Estamos desconfigurados, desordenados, involucrados en el meollo de las mentiras, falsas esperanzas, falsos testimonios, falsos tabúes, ignoramos nuestros actos pero somos conscientes a la vez de sus consecuencias y esto perjudica a la mayoría provocando la ira de los mudos.
Grandes organizaciones se aprovechan de los crédulos atravesando su mente, con falacias que dejan ver a través de sus imperfecciones el afán por la dominación.
Callan a los escasos venturados que despiertan y propasan lo injusto, ejecutándolos literalmente por defender el derecho de bienestar, el derecho de felicidad, el derecho a tener algún derecho.
Sin embargo la ciudad todavía duerme y nunca sabré si ésta algún día saldrá de las sábanas de la censura que atan la inseguridad de los que desean despertar.
Quizás ésta no sea mi ciudad.
H.C.
La lengua no deja que transporte mis sentimientos con fluidez, soy perjudicado por mis propias emociones, ya que temen salir de mis entrañas.
Crece, crece con descaro y sin importancia la sencillez por la cual deberíamos avergonzarnos, nos dejamos llevar por el fundamento acrecentado de lo que es patético, de lo que no, sin dejarnos respirar, sin dejar dilucidar la magia que de verdad existe entre nosotros.
Las calles de alguna manera, están escritas por unos que las ven bien e imponen sus maneras, pero también es ligeramente criticada por los que vomitan en las aceras.
Estamos desconfigurados, desordenados, involucrados en el meollo de las mentiras, falsas esperanzas, falsos testimonios, falsos tabúes, ignoramos nuestros actos pero somos conscientes a la vez de sus consecuencias y esto perjudica a la mayoría provocando la ira de los mudos.
Grandes organizaciones se aprovechan de los crédulos atravesando su mente, con falacias que dejan ver a través de sus imperfecciones el afán por la dominación.
Callan a los escasos venturados que despiertan y propasan lo injusto, ejecutándolos literalmente por defender el derecho de bienestar, el derecho de felicidad, el derecho a tener algún derecho.
Sin embargo la ciudad todavía duerme y nunca sabré si ésta algún día saldrá de las sábanas de la censura que atan la inseguridad de los que desean despertar.
Quizás ésta no sea mi ciudad.
H.C.



